06/08/2010 - Yolanda van den Broek, asesora psicosocial que actualmente se encuentra en Haití trabajando para Aldeas Infantiles SOS, comparte sus impresiones de Puerto Príncipe siete meses después del terremoto que asoló la capital y causó la muerte de cientos de miles de sus habitantes.
Yolanda van den Broek, trabajadora de Aldeas, con una niña cogida en brazos unos meses después del terremoto. Foto: Archivo SOS.Hace siete meses el mundo entero se conmovió cuando quedó clara la magnitud del impacto del terremoto del 12 de enero sobre Haití. En poco más de 30 segundos, cientos de miles de personas habían muerto y las vidas de millones de personas habían cambiado para siempre. Más de millón y medio de personas sigue viviendo en Puerto Príncipe y sus alrededores en campamentos donde las condiciones de vida son extremamente duras. Las tiendas de campaña se están deteriorando por causa de las fuertes lluvias y el viento. Hace poco, un campamento fue completamente destruido por unas lluvias de proporciones bíblicas, que dejaron a sus habitantes sin hogar por segunda vez.
Los niños en los centros comunitarios de Aldeas Infantiles SOS se están recuperando; sus niveles de ansiedad están disminuyendo, aunque a algunos les sigue dando miedo cuando tienen que estar dentro de un edificio. Hubo una regresión en el desarrollo de muchos niños; perdieron la capacidad de leer y escribir, necesitaban la atención y la seguridad de los mayores y algunos mostraban agresividad hacia los demás niños, o bien estaban completamente ensimismados. Así que alegra mucho ver que ahora los niños se encuentran mucho mejor, gracias al esfuerzo fantástico realizado por las mujeres de estos centros.
Jóvenes en una clase provisional dentro de una tienda de campaña. Foto: Line Wolf Nielsen.La vida es dura para los aproximadamente 20.000 niños a quienes Aldeas Infantiles SOS proporciona comida diaria en los 117 centros de distribución, en los 16 centros comunitarios y también directamente en los campamentos. Aldeas Infantiles SOS ha estado formando a profesores para crear un ambiente más estimulante y para separar a los niños en grupos más pequeños para mejorar la calidad de la educación que reciben, ya que muchos de ellos todavía no están asistiendo a la escuela. Hay una falta de escuelas y de espacios adecuados para los niños, y Aldeas Infantiles SOS ha estado intentando conseguir tiendas de campaña para poder separar las diferentes clases y crear condiciones más higiénicas para los niños. Algunos padres tienen miedo de perder de vista a sus hijos… les da miedo la posibilidad de volver a perderlos.
“La vida era dura antes del terremoto, pero por lo menos teníamos a la familia y lo básico para vivir” es lo que he oído de mucha gente. En casi todas las conversaciones que he tenido, he oído a la gente hablar de dos tiempos diferentes: el de antes del 12 de enero, y el de después. Sus vidas han cambiado tan drásticamente, dicen, que parece como si hubieran sido desconectados de lo que era su realidad antes del terremoto, y por lo tanto ya no pueden fiarse de la continuidad del mundo tal y como lo conocen. Empezar de nuevo parece imposible. Queda claro que no hay manera de volver a sus vidas de antes. Pero, para mucha gente, tampoco hay manera de tirar para delante.
Las pequeñas calles de Puerto Príncipe son inaccesibles, bloqueadas por los escombros y las tiendas de campaña. No se han tocado muchas de las casas que se cayeron durante el terremoto. Una de las mujeres encargadas de cuidar a los niños me dijo que se emociona todos los días cuando pasa por delante de esas casas de camino al trabajo. “Sé que probablemente todavía hay gente atrapada dentro y lo único que puedo hacer por ellos es rezar y esperar que descansen en paz”,dice. Como muchos otros, ella está viviendo en un campamento e intenta lidiar con la vida diaria. “Los niños que vienen al centro comunitario todos los días me dan energía, para mí significa muchísimo poder oírles riéndose y verles volver a jugar”, me dice con una sonrisa.
Cuando vuelvo de la ciudad y entro en la Aldea Infantil SOS de Santo, veo a niños jugando y riéndose en los frondosos jardines de la aldea. Delante de la escuela, 767 niños están cantando el himno nacional y levantando la bandera haitiana. Más de 250 niños se están divirtiendo en el recinto de la guardería. Ojalá que los miles de niños que viven en los campamentos también pudiesen disfrutar de las mismas posibilidades – que tuviéramos los recursos para ayudarles a todos. Pero pienso que necesito centrarme en todo lo que ya estamos haciendo, proporcionando un hogar seguro y afectuoso a 420 niños dentro de la aldea, y proporcionando a unos 20.000 niños de las comunidades vecinas lo que necesitan para sobrevivir y permanecer sanos.
Ciento sesenta niños ya se han reunificado con sus familias, y no tengo palabras para expresar lo que siento cuando veo la felicidad de esos niños y sus padres o familiares. Los trabajadores sociales de Aldeas Infantiles SOS siguen investigando sin descanso junto con otras organizaciones para reunificar a cuantos más niños posibles con sus familias, si están dispuestas y son capaces de encargarse de ellos. Hasta ese momento, los niños serán muy bien cuidados en Aldeas Infantiles SOS. Para los niños que ya no tienen familia, Aldeas Infantiles SOS puede posiblemente convertirse en su nueva familia.
Si sólo la resistencia y fortaleza interior del pueblo haitiano pudiera reconstruir su país, las cosas serían muy diferentes aquí hoy. Pero como esto no es suficiente, lo único que pueden hacer es esperar a que los gobiernos y las ONG comiencen a reconstruir un Haití que pueda ofrecer a los niños un futuro mejor.