Cuando los niños llegan a la adolescencia se convierten en pequeños adultos. Y como tales deben ser tratados. Dejándoles planear su futuro, respetando sus decisiones, acompañándoles en sus sueños y creando el camino adecuado por donde encontrarán las oportunidades hasta que alcancen la independencia económica.
La primera elección, continuar estudiando o aprender un oficio, es un paso a la madurez que lleva consigo un cambio, pero no un cambio en el estilo de vida. Los jóvenes siguen contando con el apoyo de su familia para su inserción social y laboral. Para este cambio, contamos con diversas fórmulas de atención juvenil: pisos compartidos, residencias juveniles o viviendas asistidas. Y en caso de necesitar una atención especial, con fines terapéuticos o psicopedagógicos, la seguirán recibiendo.
En Aldeas Infantiles SOS, también les damos apoyo y consejo a la hora de elegir su formación, les ponemos en contacto con el mundo laboral y cuando es preciso, lo hacemos con recursos económicos para que puedan desarrollar proyectos que les sirvan de sustento.
Con Aldeas Infantiles SOS, los niños tienen una familia para toda la vida.