Foto: Iván Hidalgo

Siempre estarán a tu lado

Blanca Cotes Bellas

Mi familia es especial. Aunque supongo que cada uno pensará lo mismo de la suya.

Mis padres tuvieron dos hijos: Guille y Ana que son gemelos con 16 años. También me adoptaron a mí, hace 12 años (y eso que ahora tengo 14) aunque soy una más de la familia.

Próximamente tendremos otro hermanito, pero aún no sabemos la fecha exacta. Además, tenemos un perro que se llama Jarco,  pero que no entra en la misma categoría ‘familiar’.

Como todas las familias, hay disputas diariamente entre nosotros. Pero en el fondo, creo que nos queremos mucho. O eso es lo que dice mamá.

Absolutamente todos los días, nos estamos peleando por alguna tontería que otra.

El otro día, Ana se puso a llorar porque no le dejaban ir a una fiesta con sus amigas, y para colmo, su novio Miguel la dejó.
Y yo como soy muy sincera opiné que me parecía bastante bien su ruptura, ya que en realidad el chico era un macarra, feo y hortera.
Mi hermana, al escucharlo, empezó a llorar aún más fuerte y se enfadó conmigo porque según ella, solo lo decía para fastidiar y que se pusiera peor.

Pero no era verdad, solo lo dije para animarla y para que se buscara otro novio más guapo.

Y a esto, llega Guille con un bol de palomitas y empieza a decirle:

  -¡Seguro que te dejó porque te vio con esa mascarilla verde y pegajosa que te pusiste en la cara hace un par de días! ¡Parecías un monstruo escuálido!- y se puso a hacer muecas grotescas.

  -¡Si yo soy un monstruo escuálido, tú eres un espasmo de trol! Y pasa de mi, chaval- masculló Ana mientras se limpiaba las lágrimas oscurecidas por el rimel y se sentaba frente a la tele para ver su serie favorita de los sábados. No entiendo como puede ver eso. Nunca he comprendido por qué cuando ‘Juan Felipe’ corta con ‘Fernanda’ el mundo se cae para mi hermana y se pone histérica tirándole zapatos a la tele, llorando condenadamente.

  -¿Qué haces?- preguntó confuso mi hermano- ¡hoy me toca a mi ver la televisión aquí! ¡Y debe estar empezando ya el partido!

  -Se siente. Vete a la cocina a verlo- respondió mi hermana mientras hundía la cuchara sopera en el bol del helado de chocolate donde solía ahogar sus penas.

  -¡Dame el mando a distancia! Hoy es mi turno de tele en el salón- exigió Jorge.

  -Pero yo llegué primero, y como no estabas el turno pasa a mí automáticamente.

  -¡Eres una mentirosa!- exclamé yo dirigiéndome a Ana- la semana pasada me pasó a mí lo mismo y dijiste que el turno no cambiaba.

  -¡No te metas, cotilla!- me gritó Jorge mientras se abalanzaba descaradamente sobre mi hermana para quitarle el mando de las manos.

  -Sois unos tramposos. ¡Me saltasteis el tanda la semana pasada, y ahora quiero reclamarla! Quiero ver aquí una película de telecinco.
Nada más acabar mi frase, me lancé hacia el sillón donde mis hermanos se peleaban con uñas y dientes con el helado chorreándoles por la cara y las palomitas que salían de vez en cuando de sitios insospechados, como de las orejas de los chicos.

En uno de los golpes que nos intercambiábamos, un codo sin identificar parecía que se acercaba a mucha velocidad a mi cara… y todo se volvió negro.

Abrí los ojos e intenté observar unos hombres con bata blanca que me rodeaban.

Y en ese momento, empecé a sentir grandes pinchazos en la cabeza.

  -Ya está consciente- anunció el médico.

Cuando cesó el dolor, me explicaron que uno de mis hermanos me atizó un codazo en la nariz y que había estado inconsciente durante varios minutos.

Guille y Ana me habían traído al hospital, que está cerca de casa, pero no habían informado a nuestros padres ya que estaban ocupados con un tema muy importante…

  -Lo sentimos mucho- me dijo Ana pasadas unas horas- si nos hubiéramos puesto de acuerdo no te habrías echo daño.

  -No entiendo como nos pudimos pelear de esa manera si tenemos cuatro teles en casa… Por cierto, te grabé la película de telecinco antes de venir para acá…

  -Señorita- dijo el doctor interrumpiendo la pacífica charla familiar - puede marcharse ya, aunque le quedará un moratón como secuela, durante unos días.

Camino a casa, mis hermanos se atrasaron un poco porque se encontraron con unos amigos del instituto y empezaron a charlar.
Yo seguía sola como siempre. Casi nunca tenía su apoyo cuando más lo necesitaba; que era ahora, ya que se me acercó un chico rubio, de unos 17 años más o menos y me dijo:

  - ¡Fíjate en tu nariz! ¡Es asquerosa! ¡Aunque contrasta con tu cara de negra!

Comenzó a reírse mientras me perseguía, por más que aligeraba el paso, diciéndome cosas:

  -¿Eres una chica o un tío de lucha libre? ¡Qué asco de cara…!

  -¡Déjala en paz!

Oí una voz a mi espalda y me giré para ver como Guille se encaraba con ese chico.

  -¿Y tú quién eres? ¿Su cuidadora?- rió el otro.

Guille alzó el puño para pegarle, y antes de que rozara su cara,  Ana se lo sujetó mientras que llegaba a nosotros resoplando.

  -¡No te metas en problemas!- le dijo muy seriamente- te puede denunciar.

El rubio empezó a reírse a carcajadas y le dijo vacilante a Guille:

  -¿Qué? ¿Me vas a pegar?

Ana se adelantó a mi hermano y le soltó al rubio:

  -Él quizás no, pero yo sí- y le pegó tal bofetada que se le quedaron en la cara, además de la forma de sus dedos, la de los anillos. Su cara se volvía morada de un momento a otro.

  -Vámonos. Y no le hagas caso a este idiota. Creo que está un poco bebido- me susurró al oído, a lo que yo respondí con una gran sonrisa.

Supongo que me he equivocado. Que mis hermanos siempre estarán para apoyarme aunque yo no los vea. Aunque por segundos nos odiemos… por horas nos queremos. Los tres somos muy diferentes pero siempre nos vamos a ayudar en todo.

Llegamos a casa y recibimos una gran sorpresa.

Papá y mamá habían vuelto de Senegal y habían traído consigo a nuestro nuevo hermanito… A nuestros nuevos hermanitos.

Siempre habían querido volver a adoptar a otro niño, por lo que han estado luchando a capa y espada durante estos últimos años, para poder tenerlo.

Papá nos explicó que cuando fueron a recoger a Zaid, (el niño que iban a adoptar desde el principio) su hermana mayor, Kaila, se interpuso entre ellos ya que no quería separarse de él. Estuvieron mucho tiempo hablando y ella se negaba a soltar a su hermanito. Así que lo que decidieron, fue adoptar también a Kaila y darles a los dos la oportunidad de seguir viviendo juntos y felices. No quisieron romper los lazos de amor que existía entre ellos.

Ahora, el trabajo restante es nuestro. Ya que tenemos que mostrarles, que somos una familia unida, aunque tengamos lo que se dice ‘momentos delicados’.

Que los tres hermanos nos queremos mucho entre nosotros, por muy distintos que seamos, y siempre nos cuidaremos los unos a los otros en difíciles situaciones.

Estábamos muy felices de tener dos miembros más en la familia y deseábamos que nos quisieran tanto como les íbamos a querer nosotros a ellos.

Queremos integrarles y demostrarles que aunque no estén en su ‘casa’ este es su nuevo hogar y estamos deseando que se unan a nuestra familia entrelazada por el cariño y el amor.