Celestine

Encuentro con una Madre SOS de Togo

Foto: Iván Hidalgo
Celestine prepara la comida con la ayuda de dos de sus niños. Foto: Iván Hidalgo.
Son las 10 de la mañana y estoy sentado con Celestine en el salón de su casa. La casa se llama “Espoir”, “Esperanza” en francés, pero todos los niños de la Aldea Infantil SOS de Lomé, la capital de Togo, la conocen como “La casa 2”.

La mañana es muy larga para Celestine. Se ha levantado a las 4 y media, como siempre,  y ha preparado el desayuno, levantado a los niños, limpiado la casa, ayudado en los deberes, regañado un poquito y sonreído mucho. Ahora, tras casi cuatro horas de trabajo y dos de agradable charla, sé algo de esta madre que me impresiona: vive desde hace 21 años en la Aldea, ha tenido en ese tiempo 29 hijos a su cargo y, como ella afirma, una vida inmensamente feliz.

Mientras nos relajamos, miro a la pared del fondo del salón y veo un diploma de nuestra Oficina Internacional con su nombre. A todas las madres que llevan más de 12 años con nosotros, la organización les hace entrega de este diploma y del Anillo SOS que simboliza el esfuerzo de toda una vida.

- “Veo que tienes el certificado de la entrega del Anillo SOS en la pared. ¿Te lo entregó el presidente personalmente?, le pregunto”.

- Sí, me responde con rubor. Fue hace ya tiempo, pero lo recuerdo con mucho cariño.

- ¿Y cómo es que no lo llevas puesto?

- “Es que no quiero que se estropee”, reconoce. “Pero ahora mismo lo traigo”.

Celestine sale del comedor y regresa con el anillo en la mano. Me lo enseña, se lo pone y una lágrima cae por su mejilla.

- Quiero que me entierren con él cuando muera”, me dice limpiándose la cara.

- “Lo quieres mucho, por lo que veo. Ya es parte de tu vida”, añado.

- “No. Yo estoy convencida de que Dios me ha encargado esta tarea. Por eso, cuando llegue a su lado, quiero enseñárselo y decirle: tú me lo encargaste y yo lo he hecho”.

Aquella mañana de largas horas de trabajo, reproducida fielmente a lo largo de 21 años, viví ante mí una impresionante lección de generosidad. Cuando los niños vuelven a casa se oye una vocecilla que grita: “¡Ya estoy en casa, mamá!”. ¿Mamá? ¡Enhorabuena! Te lo has ganado a pulso, Celestine.

Paco López, autor de este artículo, es Responsable de Relaciones Externas para Aldeas Infantiles SOS de España.