Palabras

Cuento ganador de la III Edición del Concurso de Cuentos "Los Hermanos" escrito por Paloma Hidalgo, en la categoría de mayores de 16 años

Las palabras más bonitas, las más complicadas, las que expresan mejor lo que siento me las ha enseñado ella; las más apropiadas para consolar a otros, las mejores para animar a quien lo necesita, las precisas para ser educado y las idóneas para demostrar que algo no me gusta, palabras pequeñas, enormes, divertidas y serias; palabras dulces como sus ojos de caramelo, amargas como las despedidas, palabras traviesas como cachorros de gato y sencillas como las gotas de lluvia.  A sus doce años ella  llena el hueco que mamá dejó hasta hacerlo rebosar.  Con paciencia cada tarde en la cocina, al calor de la lumbre mi hermana me descubre la magia de las palabras, las hace crecer y volar enganchadas al vapor de la cazuela en que prepara la cena para todos, las disfraza para asistir al baile de mis sentidos con maestría, las hace bailar.

La vida que a mí me tocó en el reparto que el destino lleva a cabo no es la que yo habría escogido, mis ojos ven, mis manos tocan, mi corazón siente y tengo dos piernas fuertes que me permiten sostenerme en pie, pero mi mundo está carente de sonidos, no escucho al viento silbar entre las ramas, ni el murmullo del mar que llega hasta mis pies, no sé cómo suenan la tristeza ni la alegría, ni los besos ni las puertas que se cierran, ni los aplausos, nada, no escucho nada.
Pero ella llena mi mundo con sus palabras, esas que escribe en el aire, esas que sus dedos tejen para mí.

Palabras que me enseñan a saber que puedo ser cada día la mejor versión de mí mismo, palabras que pesan, que suben, que enfrían, que baten. Palabras que perfuman, que tiñen, que escapan.
Escarbar cada día entre las cumbres de las montañas de basura en que habitamos no es fácil, el olor a podrido y las moscas se vuelven solidarias a mi piel mientras revuelvo sus laderas en busca de una lata oxidada, un pantalón roto, o un botón de nácar. Dice mi hermana que todos los que hundimos los pies en sus entrañas guardamos silencio, el mío es uno más, dice que sólo se escucha el quejido de la madre tierra al soportar sobre sus hombros tanta inmundicia. Dice que sólo se oye la voz de la vergüenza. Pero ella siempre sonríe cuando mis ojos la buscan, siempre tiene en la punta de sus dedos mágicos una palabra nueva que enseñarme, una palabra destinada a hacerme sentir bien.

Mi hermana me construye con palabras palacios de cristal, castillos transparentes  en los que la alegría no tiene miedo de pasearse cogida de mi mano o hilvanada en mi sonrisa. Mi hermana llena mi mundo de farolillos de colores con sus palabras, palabras especiales o vulgares, de confianza, entrelazadas o esdrújulas, palabras que me hagan la boca agua, que floten en la boca del estómago, que me deslumbren, que me estimulen.

Mi hermana me enseña a vivir con mis silencios, en mis sigilos, con esas palabras afónicas que llenan mis ojos y mis sentidos, esas mudas bailarinas que sus manos sacan a bailar a la tarima de la realidad para que yo recuerde que sigo vivo.

Palabras, mi hermana sólo me enseña palabras mudas como yo, aunque yo escucho su eco imposible en mi interior, cerca, muy cerca del corazón que palita en mi pecho.

Paloma Hidalgo Díez