Diario de dos mundos

El cuento "Diario de dos mundos" de Laura Cabedo recibe un accésit en el Concurso de Cuentos "Los Hermanos"

2-3-1970

Oi a nacido mi ermanita Clara y le an puesto un gorro blanco.

6-7-1973

Todas las señoras que ven a mi hermana me tocan el pelo y me dicen que la cuide mucho. He escondido mi muñeca por si un día empieza a andar y me la quita. 

24-09-1974

Los médicos no lo saben pero estoy segura de que ese maldito gorro le aprieta la cabeza y no la deja pensar. La enfermera de este centro se llama Ana, es muy simpática y cuelga todos mis dibujos en las paredes de la sala de espera.

01-12-1974

Juan y Sara se burlan de mí en el cole, dicen que siempre llevo la cara llena de babas de mi hermana y que si fueran babas de perro o de hamster no les darían tanto asco. Lo que pasa es que son idiotas. No saben que Clara es feliz así, con sólo un beso que le des, es capaz de reír como una loca toda una tarde. Hoy he escondido su gorro en un lugar donde nadie nunca jamás podrá encontrarlo. Lo odio y odio más a quien fuera que se lo puso.

03-04-1975

Mamá no sonríe casi nunca y siempre está ocupada. Mi padre es el único que me entiende.

14-06-1976

Últimamente me siento como si hubiera hecho algo malo, llego a casa y mi madre está dándole la comida triturada a Clara, estoy muy enfadada con ellas. La silla especial se le ha quedado pequeña porque le han crecido mucho los brazos y las piernas. Cuando me ve tengo que ir corriendo a besarla porque si no se pone a chillar tan agudo que te revienta los oídos. Mamá lanza una carcajada porque la muy cochina me ha llenado la cara de puré de lentejas y papá aprovecha su risa para besarla en los labios. Nos abrazamos los cuatro y entonces me doy cuenta de que éste es uno de esos momentos en los que los dos mundos en que vivimos se tocan fundiéndose en uno sólo, verdadero y mágico. Clara lo percibe y abre su bocota grande, los ojos le brillan y ya no puedo estar enfadada con nadie.

28-05-1979

Desde que voy al instituto todo está mucho más claro. Sara no tiene una hermana con Parálisis Cerebral Profunda, tal vez por eso se deja magrear por medio pueblo detrás de la tapia del gimnasio, porque le gustan demasiado las Converse y los Levi’s y su madre no puede comprárselos.
Juan no tiene una hermana con Parálisis Cerebral Profunda, tal vez por eso últimamente saca muy malas notas y roba a sus padres para comprarse rayas de coca y unas pastillas que le ponen como una moto.
Ellos no son felices pero yo no me burlo, sólo les compadezco en silencio.   

15-02-1982

Hoy mi hermana está tranquila, me siento a su lado y le cuento que a mi me gusta Liu Yin, el chico del videoclub, porque tiene los ojos como ella y porque es una persona educada y muy inteligente. Viene al instituto aunque habla poco español, por eso sólo nos miramos y nos entendemos sin palabras. Clara sonríe sin apartar la vista de la ventana, fuera está lloviendo y hace frío, su aliento empaña el cristal y se enfada porque no hay nada que le traiga más paz que contemplar la lluvia. Sube los brazos y ejecuta algo así como un solo de piano con sus dedos torcidos en el aire. A mi me trae paz estar con ella. En el silencio se oye una radio del piso de abajo, suena débilmente Debussy.

05-04-1984

Mi sueño es ser escritora y he empezado a trabajar en una hamburguesería para pagarme los estudios. Con mi primer sueldo le he comprado a Clara un radiocassette y varias recopilaciones de piano clásicas. Al oírlas se ha puesto un poco nerviosa, pero luego ha adoptado esa mirada suya, la que tiene cuando busca recuerdos quizá de otra vida, como si persiguiera una idea encerrada que va rebotando dulcemente contra las paredes de una caja vacía. Hoy también llueve y tengo mucho que estudiar, pero ella me coge de la falda y me obliga a sentarme a su lado. Juntas desgranamos silencios cómplices que son como palabras de un lenguaje arcano, mientras las etéreas corcheas se esparcen en el aire de nuestra burbuja, como se esparce el charco que va formando la lluvia en el balcón. Su mano, que es ya más grande que la mía, huele a Nenuco.
Mamá entra y se miran, las dos saben, antes que yo, que pronto acabaré teniendo que marcharme porque ese es el destino de los que estamos en mi mundo.

18-09-1987

Creo que ya lo tengo todo, hecho un vistazo a mi habitación mientras presiento a Clara en su lugar junto a la ventana. Sabe que hoy es el día porque no ha querido comer. Mamá hace como que cose a su lado y me mira por encima de las gafas mientras voy de un lado para otro recogiendo cosas, se aparta un mechón que encuentro más canoso que antes y me doy cuenta que ha envejecido, pero ahora es más auténtica, toda ella está en su sitio y sé que es feliz en ese pasadizo secreto que ha aprendido a recorrer casi a oscuras. Mi padre la abraza mientras intenta disimular una lágrima para que Clara no la vea. 
Ya no falta nada en la maleta pero abro el cajón de mi mesita por si acaso y veo la vieja caja de música, la saco y una pequeña bailarina de plástico empieza a girar al compás del “Claro de Luna”. Se me pone la carne de gallina, pero enseguida oigo el claxon de papá que va a llevarme a la estación. Cogeré un tren a Madrid donde me espera la Complutense y el futuro, un futuro tan incierto como el de mi hermana. Levanto la plataforma debajo de la bailarina y saco el gorro blanco. Ese trozo de lana esponjosa que tanto llegué a odiar, que tanto daño nos hizo, es ahora diminuto y suave entre mis manos. Me lo llevo a los labios y lo inhalo profundamente, después lo guardo en mi bolsillo.
Me despido con un beso estruendoso como hago siempre, pero esta vez Clara no se inmuta, aunque hoy no está lloviendo. Al salir mi madre me abraza por detrás y abre la puerta . En la calle, despaso la cremallerita de mi cartera y guardo allí el gorro, como si fuera un amuleto, no porque me dé suerte, sino porque no quiero ni puedo olvidar todo lo que mi hermana me ha enseñado. No tengo miedo, fuera sólo hay un mundo simple, un mundo de gente normal y corriente.