Ser madre SOS

Dos realidades, un mismo objetivo

María José y Anna son dos madres SOS de la Aldea de Tenerife. Sus orígenes, sus realidades, sus motivaciones, son diferentes, pero el fin por el que están desempeñando esta gran labor es el mismo: el amor por los niños.

Doce años en la Aldea dan para mucho. A esta asturiana de sonrisa amable se le han pasado volando. María José González siempre quiso trabajar en una ONG con niños y lo consiguió. “Nunca pensé que iba a estar tanto tiempo, pero los niños te enganchan”, comenta. “Los niños forman parte de mi vida. Estos años a nivel personal he aprendido mucho de ellos. Afrontas situaciones muy complicadas, pero gracias a los compañeros me he sentido muy apoyada. Lo que más valoras es estar día a día compartiendo tu vida con los niños”. En su hogar SOS convive con cuatro hermanos y un joven de origen senegalés. “La mayor de los hermanos, Carolina, ya se ha independizado, pero viene frecuentemente a visitarnos los fines de semana”, comenta María José.

Asturias y Tenerife están lejos y estar lejos de la familia ha sido difícil, pero “si no estuviera en Aldeas posiblemente no estaría aquí, aunque una cosa sí tengo clara: no quiero cambiar de Aldea. En Tenerife está mi hogar”.

Desde el inicio


Anna Díaz observa cómo juegan los niños de su hogar SOS.
Anna Díaz es una barcelonesa que hace tres años dejó atrás familia y trabajó para hacer el Curso de candidatas a madres SOS en Granada. Hoy, analiza cómo ha discurrido este tiempo como madre SOS en la Aldea que eligió para seguir en contacto con el mar. “Cada día me parece el primer día. La base de todo es el sentido común. Al principio tuve que estar durante seis meses de apoyo en todos los hogares y aprendí muchas maneras diferentes de trabajar con los niños. He intentado integrar lo más positivo de cada caso. Estoy muy contenta con el equipo que trabaja conmigo en el hogar. Nos compenetramos y tenemos un diálogo muy fluido para determinar qué conviene a cada niño en cada momento”. Anna convive con cinco niños, cuatro de ellos hermanos, con edades que van de los cuatro años a los dieciséis. “No hay dos niños iguales. Nos dan una lección cada día. Es para quitarse el sombrero el afán de superación que tienen. Si lo pensamos, cuántos de nosotros en sus circunstancias pasaríamos de todo, y ellos siguen adelante, y juegan, y se divierten, y luchan por aprobar”.

Anna tiene que claro que para ser madre SOS “tienes que estar muy bien amueblada por dentro. No puedes esperar encontrar algo que te falta, ni suplir carencias afectivas. Debemos sentirnos primero satisfechas con nosotras mismas para afrontar lo que damos a los niños. Aunque he tenido días malos, nunca he pensado que me he equivocado en mi elección”.

De Asturias y Cataluña a Tenerife. Miles de kilómetros por un mismo fin: dar una oportunidad a los niños.