Un ejemplo de firmeza y esperanza


Mustafa Omar en uno de los centros de Aldeas
Es sirio, tiene veinte años y no recela en contarnos su historia, con firmeza y confianza. Su nombre es Mustafa Omar. Su recorrido comenzó, en diciembre de 2015, con un viaje en avión de Damasco a Beirut y de la capital libanesa a Estambul. Después, se subió a un barco abarrotado que lo llevó desde la ciudad costera de Izmir hasta Grecia, con la ayuda de una patrulla costera. 
 
A finales de abril, junto a cuatro compañeros de viaje, logró cruzar la frontera norte de Grecia y se trasladó a pie, durante 180 km, por la Macedonia más montañosa. Cuando estaban a punto de llegar a la frontera serbia, un grupo les asaltó y les robó las pocas pertenencias que tenían. Sin dinero y sin comida, pidieron ayuda a la policía y fueron llevados al campo de refugiados de Tabanovce. 
 
Allí, Mustafa vio algo que le hizo sentir como en casa y le devolvió la esperanza: el logo de Aldeas Infantiles SOS. Y es que este joven de veinte años vivió parte de su infancia en una Aldea de Siria. Una etapa que, según nos confiesa, recuerda con inmenso cariño. “Todavía hoy sigo en contacto con mi madre SOS; me encantaría volver a verla algún día”, nos dice. 
 
Aldeas Infantiles SOS tiene una larga trayectoria en Siria. Su fundador, Hermann Gmeiner, inauguró la primera Aldea en el país, en 1981. La guerra civil obligó a la organización a poner en marcha un programa de emergencia con el que, desde 2011, se proporciona ayuda humanitaria, atención social y emocional, y apoyo a los niños que han perdido a sus familias hasta que puedan volver a encontrarlas.   
 
Como muchos de los refugiados que siguen la ruta de los Balcanes y a pesar de haber solicitado asilo en Serbia, Mustafa no pierde la esperanza de llegar a Alemania, reunirse con su hermano y estudiar Derecho. Su objetivo es claro: “Quiero ayudar a la gente”