Marta con unos niños de la Aldea Infantil SOS de Santo

"¡Esto es un paraíso!"

Visita de Marta Nogareda Moreno, socia de Aldeas Infantiles SOS, a la Aldea de Santo en Haití

Como socia de Aldeas Infantiles a través de la delegación en Baleares y ante la ocasión de ir a Haití por trabajo se me ocurrió que sería una muy buena oportunidad conocer de cerca el trabajo de Aldeas en un país en desarrollo.

A través de Aldeas Mallorca conozco someramente el trabajo realizado en la península, en especial los pisos que la ONG tiene en Barcelona.

Ver de primera mano cómo Aldeas Infantiles se desenvuelve en un país azotado recientemente por un terremoto era una experiencia a la que mi espíritu investigador no podía resistirse.

No iba a ser fácil puesto que mi corta estancia en Haití y mi ya de por sí apretada agenda dejaba poco espacio para imprevistos.

Sin embargo, y gracias a la resuelta acción de Marisa López de la oficina central en Madrid, pude evitar el protocolo según el cual se debe solicitar una visita con un mes de antelación para evitar la interrupción inesperada de la vida cotidiana de la aldea.

Mi visita se produjo el sábado 19 de marzo, por lo que los niños no tenían escuela y estaban realizando las tareas propias de un día de descanso: paseos por la aldea, lavado de ropa (que ellos mismos realizan), juegos, risas y ambiente distendido en general.

Para llegar a la Aldea que yo visité, situada en un lugar llamado Santo y que hace palpablemente honor a su nombre, debemos contar con una hora y media en coche desde el centro de Puerto Príncipe en el mejor de los casos.

Mi primera impresión fue: Esto es un paraíso!

Una gran verja separa la aldea del ruido y del polvo en los que se sumerge la vida diaria de la capital.

Una vez traspasada la línea azul que ya lleva el sabor dulce del trabajo bien hecho de Aldeas Infantiles, una cree que realmente ha ingresado en el paraíso terrenal (supongo que también por contraste con la dureza del trayecto hasta allí: calles sin asfaltar, boquetes que el obligado 4x4 debe sortear, ruinas, ahora ordenadas pero todavía ruinas, deshechos colocados en los márgenes para que un tráfico infernal instaure la ley del “sálvese quien pueda”, etc).

Decía que la Aldea de Santo en Haití es un verdadero paraíso, por lo que se respira allí, por su amplitud, por el entusiasmo y determinación con que Sophie explica las diferentes infraestructuras y el trabajo que se realiza en cada uno de los edificios que pueblan aquel espacio abierto, seguro, saludable, bello y diáfano.

A medida que la visita avanzaba iban serenándose mis constantes vitales. Ojalá cualquier ser humano del planeta pudiera vivir en un entorno tan delicado. Zonas verdes, espacios separados entre las viviendas, la escuela, los lugares de ocio, el gran campo de fútbol (donde ahora se sitúa el albergue)…. Qué bueno que ese espacio sea el hogar de niños y niñas que necesitan reconstruirse de alguna manera, tal y como trata de hacerlo su país tras el seísmo y tras años, décadas, siglos de abandono.

Qué buena sensación para mí saber que estoy contribuyendo a un proyecto así, dedicado exclusivamente a la infancia, a la calidad en el trato y a la educación, a la prevención del abandono infantil, al trabajo directo con las familias “en riesgo”, a la dedicación personalizada para que el niño y la niña, tal y como me explicaba Sophie, sientan que ellos, cada uno, es importante y único.

La filosofía de Aldeas Infantiles, incidiendo en la calidad tanto como en la cantidad, llegar al máximo número de niños y niñas al mismo tiempo que se garantiza el trato personalizado me ha parecido una manera excelente de trabajar, por lo que los fondos siempre estarán justificados.

La Aldea de Santo da cabida a varias zonas, perfectamente integradas y armonizadas en el espacio: un edificio dedicado al Fortalecimiento familiar, donde se trabaja con las familias para prevenir el abandono infantil; una zona para la Escuela (ahora ampliada por detrás con un pabellón dedicado exclusivamente a aulas), en total acogen a unos 1000 alumnos; las Viviendas  propiamente dichas (en cada casa viven 10 u 11 niños con una “madre” y varias “tías”) y un Albergue (para 90 niños) a base de casas prefabricadas que alivia la carga que las “madres” tuvieron que soportar justo después del terremoto, cuando el número de niños en toda la aldea se duplicó (teniendo que alojar a 35 niños por casa y madre antes de la construcción del albergue).

El Albergue es un claro ejemplo de respuesta ante una emergencia: algo rápido que permita aliviar la situación.

Sin embargo ahora, un año y 5 meses después del terremoto, la situación de emergencia da paso a una concepción de desarrollo a largo plazo, sin la premura de las condiciones de una urgencia. En el nuevo contexto las casas prefabricadas del albergue se muestran inadecuadas por las altas temperaturas que se alcanzan dentro de ellas. Aldeas Infantiles en Haití está tratando de sustituirlas por habitáculos más vivibles para los niños, que actualmente se ven forzados a descansar fuera de las casas durante las horas centrales del día. De nuevo la financiación está totalmente justificada para un proyecto que trata de adaptarse constantemente a las circunstancias y necesidades del presente.

Aldeas Infantiles lleva 27 años trabajando en Haití. Después del terremoto del 12 de enero del 2010 el número de niños se duplicó en esta aldea que no se vio afectada por el seísmo, aunque sí se destruyó la oficina central en la capital.

Su manera de trabajar responde a estrategias decidas conjuntamente con el gobierno de Haití, que es su contraparte en todos los proyectos (el gobierno deriva a Aldeas los casos que considera deben ser tratados con su específico saber-hacer). Aldeas también articula su labor con otras ONGs que operan en el terreno. Este trabajo en red está cobrando más y más importancia puesto que ahora pretenden llegar a hablar con una sola por los derechos de la infancia.

Podría estar con Sophie horas y horas, por su fidelidad al proyecto, por su vocación y entusiasmo, absolutamente contagiosos!!!!

No olvidemos que para el buen desarrollo físico y psíquico-emocional, y en último término para la Paz en el planeta, cada niño y cada niña deben sentirse Seguros, Importantes y Únicos. Los adultos tenemos el deber de crear las condiciones para que así sea.

Ayúdanos a conseguirlo. Hazte socio de Aldeas Infantiles SOS.