Uno de cada diez niños crece solo en el mundo

El 15 de mayo se celebra en todo el mundo el Día de la Familia y Aldeas Infantiles SOS recuerda que uno de cada diez niños en el mundo ha perdido el cuidado parental, y reclama su derecho a vivir en un hogar protector. En España, la cifra supera los 42.000.

Familias, educación y bienestar es el lema elegido este año por Naciones Unidas para celebrar el Día Internacional de la Familia. Se trata así de concienciar sobre la importancia del papel desempeñado por la familia y las políticas relacionadas con ésta en el fomento de la educación infantil y la formación continua de niños y jóvenes, así como en su bienestar general. 

Se pone de relieve que las buenas prácticas dirigidas a conciliar la vida familiar y laboral y a asistir a los progenitores en su papel de educadores y cuidadores son clave para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades a largo plazo para todos, tal y como indica el cuarto Objetivo de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. 

Con el fin de que este objetivo no excluya a la infancia vulnerable, desde Aldeas Infantiles SOS reclamamos cuatro medidas relacionadas con la familia que garanticen el bienestar de los niños:
  1. Destinar mayores servicios y recursos a las familias en situación de vulnerabilidad. 
  2. Estadísticas fiables sobre la situación de las familias en riesgo en España.
  3. Desarrollar un sistema de prevención que detecte las necesidades de las familias y facilite el desarrollo de planes de trabajo integrales.
  4. Apostar por el acogimiento familiar como modelo de cuidado alternativo mediante el desarrollo legislativo de la Ley del Menor en aquellas comunidades que así lo precisen. 


Aldeas Infantiles SOS tiene como objetivo que todos los niños puedan vivir en una familia. Con esta finalidad, desde nuestros Programas de Fortalecimiento Familiar apoyamos a familias en situación de vulnerabilidad para evitar la separación de sus hijos. Asimismo, cuando vivir con su familia biológica no es una opción, ofrecemos diferentes alternativas de hogar, siempre en un entorno familiar protector, ya sea una Aldea Infantil SOS, una Residencia Juvenil o una familia de acogida. 
Adjuntamos tres historias que ilustran el impacto positivo que las familias SOS tienen en la vida de niños de todo el mundo. 

"Una familia fuerte como base para el desarrollo personal"
 

 

"Crecí en una familia solidaria y protectora", dice Milan, de 21 años. "Aprendí desde una edad temprana que una familia fuerte está formada por personas fuertes".

Una de esas personas que ha marcado la educación de Milan es su madre SOS, Amira. Vino a vivir con ella en la Aldea Infantil SOS de Sarajevo cuando tenía tres años. Milan tuvo dificultades para encajar en su nueva familia, e incluso trató de escapar una vez. A través de su devoción y amor incondicional, Amira ayudó a Milan a superar su miedo y su tristeza. "Cuando estaba en la guardería y la escuela primaria, lo que más me gustaba era el abrazo que mamá me daba después de un largo día”, recuerda. “Era un niño feliz”.
A pesar de sus problemas iniciales en la escuela, Milan se ha convertido en un joven ambicioso y trabajador. "Mi madre no escatimó tiempo ni energía para ayudarme", dice. "Pasé los ocho años de primaria estudiando junto con ella".
Después de la escuela primaria, se matriculó en una escuela de hostelería y se graduó con las mejores notas. En su tiempo libre, trabajó como voluntario con diversas ONGs y tuvo varios empleos a tiempo parcial. Ahora estudia Economía en la Universidad de Sarajevo, ha desarrollado dos planes de negocio que quiere poner en práctica en el futuro y ha fundado una organización juvenil que tiene como objetivo mejorar las habilidades y competencias de los jóvenes que han crecido en cuidados alternativos.
Milan sigue estando muy apegado a su familia SOS. "Estoy muy cerca de toda mi familia SOS. Si no la tuviera, no creo que hubiese avanzado ni llegado hasta donde estoy."

Relaciones estables en tiempos difíciles


 

“Me sentí como si estuviera bajo la lluvia. El agua caía sobre mí", dice Nico, de 12 años, describiendo su experiencia después de que el tifón Haiyan golpease Filipinas en noviembre de 2013 y cambiase su vida para siempre. Su madre y dos hermanos perdieron la vida en la catástrofe; su padre no podía mantenerlo. Fue su abuela quien se ocupó de él hasta que sufrió un derrame cerebral y necesitó que la cuidasen a ella.
Nico llegó a vivir en la Aldea Infantil SOS de Tacloban en 2015. Durante sus vacaciones escolares, siempre visitaba a su abuela, a la que estaba muy apegado. Cuando murió un año más tarde, Nico quedó destrozado. Vivir en la casa familiar con su madre SOS y sus hermanos le ayudó a pasar esos tiempos difíciles y, poco a poco, comenzó a recuperarse de sus pérdidas.
En la escuela, se adaptó muy rápidamente a su nuevo entorno. Es un ávido lector y le encantan las matemáticas. Algún día le gustaría convertirse en médico para poder ayudar a curar enfermedades que destrozan familias. Su madre SOS, Nanay Beth, siempre lo anima a estudiar y aprender para que pueda alcanzar sus sueños. "Le pido que termine sus estudios para que pueda tener un futuro brillante. Y yo prometo estar ahí para él y darle el apoyo que necesita de una madre".
Nico está decidido a aprovechar todas las oportunidades que le ofrece la vida. "Todo el mundo experimentará lluvia en su vida", dice, "pero sin la lluvia, no habrá arco iris".

* Nombre ficticio para proteger su intimidad


"Confianza y seguridad para cerrar heridas"


 

 

"Alphia estaba en un lugar oscuro y yo necesitaba sacarla", dice Waletor, madre SOS.

Alphia, de seis años, y su hermano pequeño Morgan, vinieron a vivir con su familia SOS después de que perdieran a sus padres, que murieron de ébola en 2015. "Rápidamente noté que Alphia estaba triste. No me respondía. Sus ojos estaban fijos en Morgan como si estuviera teniendo una conversación silenciosa con él. También parecía cansada y débil. Esta niña había sido testigo de mucho dolor y sufrimiento”. 
Al principio, Alphia sólo quería estar sola. Se negó a comer y a hablar. Un psicólogo la ayudó a enfrentarse a sus emociones y también ayudó a Waletor a entender mejor lo que la niña estaba pasando. "Necesitaba ganar su confianza y ser su amiga", recuerda. "Todos los días tenía conversaciones con ella. Al principio eran monólogos. Entonces empecé a contar historias a todos los niños. Noté que después de algún tiempo, ella comenzaba a sonreír. "
A través del consuelo y apoyo constante, Waletor ayudó a Alphia a adaptarse a su nuevo entorno. “Entonces, un día, sin más, Alphia me dijo que tenía una historia que contar. Era la primera vez que la oía hablar desde que llegase tres meses antes ", sostiene. "Fue un día muy feliz."
Alphia se ha convertido en una niña activa con una gran sonrisa. Se le dan bien los deportes y canta en un coro.
Reconstruir la confianza y una sensación de seguridad le ha permitido abrirse y volver a ser una niña.

* Nombre ficticio para proteger su intimidad
  • Dia de la Familia: Uno de cada diez niños crece solo en el mundo

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