Miles de niños solos entre los refugiados

“No apartaremos la vista de la desolación. Encontraremos la manera de contribuir en esta crisis global”, (Richard Pichler, secretario general de Aldeas Infantiles SOS)
 

Dos niñas sirias esperan en la estación de Gevgelija. Foto: K. Ilievska. 

04/09/2015 - En la actualidad, estamos siendo testigos de una de las peores crisis de refugiados de este siglo. Miles de familias sirias huyen desesperadas de los horrores de la guerra en busca de una vida digna. Aldeas Infantiles SOS está especialmente preocupada por los niños que se están quedando solos en este grave proceso migratorio.

 

 

 

 
Muchos niños escapan  de sus países en conflicto por los efectos de la guerra, el reclutamiento por parte de grupos armados o el matrimonio forzado. Si en su desplazamiento pierden el cuidado de sus padres, son más proclives a sufrir graves consecuencias como el abuso, la trata, el trabajo forzoso, la explotación sexual, la detención o el tráfico de drogas.

 

Nos encontramos ante una crisis migratoria que supera las fronteras, una crisis trasnacional, donde miles de personas atraviesan los países en unas condiciones muy complicadas. Aunque es difícil disponer de cifras concretas,  sabemos que en el primer semestre del año, cerca de 160.000 personas llegaron a distintos países través del Mediterráneo.  Solo en Grecia, este incremento migratorio supuso un 750%. En el mismo periodo, llegaron desde diferentes rutas, más de 6.400 niños, de los cuales 4.300 eran niños no acompañados.

 

Ante esta realidad, Aldeas Infantiles SOS está en disposición de ayudar a estas personas en distintos puntos del camino, dada su estructura de federación internacional y poner al servicio de estas familias y niños solos toda su acción. A nivel internacional, la organización se encuentra coordinando una actuación conjunta y, en cada país receptor, se está trabajando con las autoridades pertinentes y otras entidades sociales para dar una respuesta eficaz.  Por otra parte, en países de origen, como  Siria, continúa con todos sus programas intentando normalizar la vida de los niños, dentro de lo posible, en un país en conflicto, velando por su protección, alimentación, salud, educación y juego.

 

“Ante el sufrimiento de los niños que se han quedado solos, no apartaremos la vista de la desolación. Encontraremos la manera de contribuir en esta crisis global”, ha afirmado el secretario general de Aldeas Infantiles SOS Internacional, Richard Pichler

 

Los efectos de la guerra y del desplazamiento  permanecerán en estos niños de por vida, por eso, pasada la urgencia, seguirá siendo fundamental el apoyo a lo largo de su proceso vital. Aldeas Infantiles SOS actúa siempre en las emergencias humanitarias que acontecen en los países donde tiene presencia, de  modo que pone a disposición de las víctimas y de las instituciones todos sus programas y recursos, activa nuevas respuestas y acompaña a los niños a largo plazo, hasta que alcanzan la edad adulta y disponen de autonomía.

 

Si hay niños, hay alegría.



Foto: Katherina Ilievska
A pesar de la barbarie de esta crisis humanitaria, los niños son niños en cualquier momento y lugar. Así ha podido comprobarlo una compañera de Aldeas, Katherina Ilievska, enviada como corresponsal a Gevgelija, la ciudad más al sur de la ARY de Macedonia, a solo tres kilómetros de la frontera con Grecia. Esta ciudad ha dado refugio diario a miles de personas que huyen de Siria, Pakistán, Irak, Afganistán y Somalia. Desde entonces, “la vida normal se suspendió. Para todo el mundo”, afirma Katherina. 

 

A la sombra de un edificio en la estación, descansan una madre y sus tres hijos. Proceden de Alepo (Siria) y se dirigen a Alemania. Aunque la mujer no habla inglés, se entiende perfectamente a través de gestos con nuestra compañera y permite que fotografíe a sus hijos. Las niñas, de cuatro y seis años, posan felizmente ante el objetivo y piden a Katherina que les deje hacer fotos. Su hermanito, de seis meses, es el modelo. “Por un momento, me olvidé de dónde estábamos. Las niñas se reían, hacían fotos y le pedían a su madre que mantuviese al bebé recto para poder fotografiarle. ¡Son grandes fotógrafas,  como la mayoría de los niños!”, nos cuenta la compañera emocionada.

 


Foto: Katherina Ilievska
La madre levanta los pulgares para comunicarse con Katherina, es la forma de decirle que de momento está bien porque ha conseguido un paquete de alimentos con comida, también la necesaria para el bebé. Están esperando el tren, su próximo destino es Tabanovce, frontera de Macedonia con Serbia. Otro tren o autobús les llevará hasta la frontera con Hungría y luego, esperemos, a su destino final.