La sonrisa y la mirada de Ari desaparecen cuando llega al colegio. Empujado en una silla de ruedas por su tía, Ari solo puede sentarse y ver a sus amigos correr.
Perdió una pierna cuando su casa se derrumbó durante el terremoto de Indonesia en septiembre del pasado año. En él también perdió a sus dos padres.
Ari, ahora tiene 11 años y es uno de los miles de niños afectados por el tsunami y el terremoto que destruyeron gran parte de la ciudad de Palu en la isla de Sulawesi.
Pero Ari siguió luchando.
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Su historia es dura, pasó más de un día enterrado en siete metros de escombros antes de que su tía escuchara sus gritos. Los vecinos lograron sacar a Ari de las ruinas con herramientas muy limitadas.
Los escombros y el tiempo que estuvo Ari enterrado destrozaron su pierna y tuvieron que amputársela. Su tía lloraba mientras que la inocente respuesta de Ari le sorprendía haciéndola llorar: «No pasa nada, crecerá, ¿verdad?»
La cirugía salvó la vida del niño.
Desde el desastre, Ari vive con su tía que se convirtió en su tutora legal, pero después del terremoto, ella perdió su trabajo. No paro de luchar para cubrir las necesidades básicas de los dos. «Siempre contaba con ayuda de los demás para poder comprar los medicamentos que Ari necesitaba” «Debería haber ido al médico muchas veces más, pero no tenía el dinero suficiente para llevarlo las veces que necesitaba”
Indah y Ari fueron una de las 700 familias que recibieron apoyo económico del programa de emergencias que Aldeas Infantiles abrió tras el terremoto. A día de hoy, Aldeas sigue haciéndose cargo de las nuevas necesidades que tiene Ari.
Ahora puede ir dos veces a la semana a fisioterapia y espera ansioso una prótesis de pierna. Sus habilidades académicas son excelentes, sueña con llegar algún día caminando al colegio.





