Participaron en la presentación del informe María del Mar Líndez, Laura G. de Rivera, Eduardo Casas, Mercedes Bermejo y Natalia Díaz.

  • Ecografías, vídeos de los primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o logros escolares compartidos en redes sociales forman parte de una práctica que se ha normalizado y plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia.
  • La sobreexposición digital puede transmitir a niños, niñas y adolescentes que su intimidad no tiene valor y dificultar que aprendan a respetar también la de los demás.
  • Publicar una imagen implica perder parte del control sobre ella: puede descargarse, capturarse, reenviarse, reutilizarse para crear perfiles falsos, emplearse en situaciones de ciberacoso o caer en manos de depredadores sexuales.
  • El informe ofrece recomendaciones en cuatro ámbitos: reflexionar antes de publicar, limitar la difusión, respetar la imagen ajena y educar en privacidad; y reclama la implicación de familias, plataformas, instituciones, centros educativos, medios de comunicación y administraciones.

Madrid, 22 de septiembre de 2026. Aldeas Infantiles SOS ha presentado hoy Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet, un informe que analiza una práctica cada vez más normalizada: compartir en redes sociales fotografías, vídeos e información sobre niños, niñas y adolescentes. El documento advierte de sus efectos sobre la intimidad, la salud emocional, la huella digital y la seguridad, y ofrece pautas para que familias y otros adultos de referencia protejan el derecho a la privacidad y a la propia imagen de niños, niñas y adolescentes en internet.

Ecografías, vídeos de los primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o logros escolares compartidos en redes sociales forman parte de una práctica que se ha normalizado hasta pasar casi desapercibida. Se conoce como sharenting -un término que une las palabras inglesas share (compartir) y parenting (crianza)- y plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia.

Aldeas Infantiles SOS ha elaborado Crecer en el escaparate digital para ofrecer a familias y educadores información comprensible sobre una sobreexposición cuyos riesgos suelen desconocerse o subestimarse. El informe combina el análisis de estudios y estadísticas con las voces de especialistas y los testimonios de familias y adolescentes. “La sensibilización debe partir de la información y no de la culpabilización”, sostienen desde la organización, “porque la mayoría de las familias comparte estos contenidos con buena intención y sin conocer plenamente sus posibles consecuencias”.

El informe recuerda que los niños, niñas y adolescentes tienen derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de sus datos personales. La difusión de momentos íntimos o embarazosos sin su permiso puede generar vergüenza, enfado, pérdida de confianza y conflictos familiares, además de dificultar la construcción de su identidad.

“La familia debería ser un refugio, un espacio de seguridad donde la intimidad de sus miembros está protegida. Cuando priorizamos el ‘hacia fuera’ (cómo me muestro, cómo me ven), empezamos a descuidar el ‘hacia dentro’ (quién soy yo)“, explica la psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo, experta en infancia, adolescencia y familia. La sobreexposición puede transmitir a niños, niñas y adolescentes que su intimidad no tiene valor y dificultar que aprendan a respetar también la de los demás.

Los datos recogidos en este informe sitúan a España como el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias comparte imágenes de sus hijos e hijas varias veces al año, frente a una de cada cinco en Europa. El 95 % de los padres y madres de menores de entre 9 y 17 años lo hace para mantener el contacto con familiares y amigos. Sin embargo, solo una de cada cuatro familias afirma pedir permiso antes de publicar.

La huella digital que no han elegido

La huella digital de niños, niñas y adolescentes empieza a construirse mucho antes de que puedan decidir qué información quieren compartir sobre sí mismos. A las imágenes difundidas por los adultos se suman los datos que recopilan asistentes virtuales, juguetes inteligentes, relojes conectados, aplicaciones y plataformas educativas sobre sus voces, ubicaciones, hábitos, preferencias y patrones de aprendizaje. Combinada, esta información puede configurar un perfil muy detallado de cada uno de ellos que es utilizado para personalizar contenidos y publicidad, prolongar el tiempo de uso e influir en decisiones de consumo.

La sobreexposición no procede únicamente de madres y padres. Otros familiares, centros educativos, campamentos, clubes deportivos, medios de comunicación, administraciones y entidades privadas también pueden difundir imágenes de menores. Aldeas Infantiles SOS alerta igualmente del denominado sharenting institucional y recuerda que ninguna finalidad informativa, de comunicación o de marketing puede situarse por encima de la protección de la infancia y de su interés superior.

Las propias plataformas incentivan la publicación de momentos familiares mediante recuerdos automáticos, recopilaciones y algoritmos que dan mayor visibilidad al contenido emocional. En las cuentas de maternidad, las publicaciones en las que aparecen menores reciben de media un 41 % más de likes que aquellas en las que no aparecen, lo que favorece que su vida cotidiana termine convertida en contenido.

Una fotografía inocente puede acabar en las manos equivocadas

Publicar una imagen implica perder parte del control sobre ella. Aunque el perfil sea privado o el mensaje sea temporal, el contenido puede descargarse, capturarse, reenviarse, reutilizarse para crear perfiles falsos, emplearse en situaciones de ciberacoso o aportar información útil para el grooming (contacto de adultos con menores en internet mediante engaños con fines sexuales). Un uniforme escolar, una fachada, una localización reconocible o una rutina familiar pueden revelar dónde estudia o vive una persona y cuáles son sus hábitos.

“En cualquier lugar online donde haya niños va a haber depredadores sexuales”, advierte Eduardo Casas, subinspector del Grupo IV de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional. Y la inteligencia artificial agrava este riesgo. A partir de una imagen real, herramientas cada vez más accesibles pueden crear falsos desnudos o escenas sexualizadas y utilizarlos para humillar, extorsionar o chantajear. “Los pederastas pueden entrenar estos programas con fotos reales para crear imágenes de explotación sexual infantil”, señala Casas, cuyo consejo a las familias es tajante: “No suban fotos de sus hijos a internet”.

La divulgadora experta en sharenting Natalia Díaz, por su parte, llama la atención sobre la responsabilidad de quienes consumen y amplifican publicaciones cotidianas que muestran la vida privada de niños y niñas en redes sociales: “Cuando consumimos este tipo de contenido, nos convertimos en una especie de voyeurs de la vida íntima de otras personas. Pero son niños y niñas que estamos viendo, que no han decidido tener espectadores ni participar en un programa de telerrealidad”. No compartir, no dar like y denunciar las publicaciones que exponen, ridiculizan o vulneran los derechos de un menor son también formas de proteger a la infancia.

Antes de publicar: pedir permiso, reducir la audiencia y pensar en el futuro

Aldeas Infantiles SOS defiende que para prevenir el sharenting es necesario disponer de información que permita tomar decisiones conscientes. “La opción más segura es no publicar imágenes ni datos de niños, niñas y adolescentes en internet”, sostienen desde la organización. Si se decide hacerlo, Crecer en el escaparate digital plantea recomendaciones en cuatro ámbitos:

  • Antes de publicar: valorar la finalidad, pedir permiso al menor según su edad y madurez y evitar contenidos íntimos, comprometidos o que revelen información personal.
  • Limitar la difusión: reducir la audiencia, revisar la configuración de privacidad, las publicaciones antiguas y los consentimientos concedidos a terceros; acordar con familiares que no reenvíen ni publiquen las imágenes.
  • Respetar la imagen de otras personas: no publicar, etiquetar, manipular ni difundir imágenes sin consentimiento, ni amplificar contenidos que expongan, ridiculicen o vulneren los derechos de un menor.
  • Educar en privacidad: enseñar a niños, niñas y adolescentes sus derechos y responsabilidades; actuar con coherencia, pidiendo permiso y respetando una negativa; y evitar que la cámara sea una presencia constante en la vida familiar.

La protección de la infancia en internet es una responsabilidad compartida que exige la implicación de familias, administraciones, plataformas, centros educativos, medios de comunicación e instituciones.

Para Aldeas Infantiles SOS, garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes también en el entorno digital forma parte inseparable de su misión. Por ello, incorpora la educación digital a sus programas de atención directa con la infancia, la adolescencia, la juventud y las familias en situación de vulnerabilidad, así como a sus programas educativos, que llegan a centros de Educación Primaria y Secundaria de todo el país. Además, la organización participa en el grupo de trabajo sobre sharenting impulsado por el Ministerio de Juventud e Infancia y promueve medidas legislativas que refuercen la protección de su intimidad, su imagen y sus datos personales.

“El reto es convertir el interés superior del menor en criterios concretos para publicar, educar, comunicar y legislar, de manera que sus derechos no dependan de decisiones aisladas y estén protegidos en todos los espacios en los que transcurre su vida”, subrayan desde la organización.

El informe se ha presentado hoy en Madrid y ha contado con la participación de la periodista científica y autora del informe, Laura G. de Rivera; el subinspector del Grupo IV de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional, Eduardo Casas; la psicóloga sanitaria experta en infancia, adolescencia y familia Mercedes Bermejo; la divulgadora experta en sharenting, Natalia Díaz, y la directora general de Aldeas Infantiles SOS, María del Mar Líndez.

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