El derecho de los niños a ser escuchados: cómo fomentar su participación en casa y en la escuela

Día Universal de los Derechos de la Infancia
Cuando niños y niñas perciben que su opinión cuenta, se sienten valorados, respetados y pueden construir relaciones basadas en la confianza.
El Día Universal de los Derechos de la Infancia, que se celebra cada 20 de noviembre, no es solo un recordatorio de que cada niño y niña tiene derechos inalienables; es también una llamada a la acción. Por ello, hoy queremos poner el foco en un derecho fundamental y transformador: el derecho de la infancia a expresar su opinión y ser escuchada.
La voz de la infancia como derecho
¿Dónde encontramos el fundamento legal y ético de este derecho? En la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que reconoce a los niños como sujetos de derechos, adoptado por la Asamblea General de la ONU en 1989. En concreto, en el artículo número 12 se especifica:
1. Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño.
2. Con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas de procedimiento de la ley nacional.
Este artículo determina, por tanto, que la opinión de la infancia no se debe desestimar solo por cuestión de edad. Desde los primeros años, y a medida que se desarrollan, su voz debe ser considerada en las decisiones que le conciernen, ya sea sobre su educación, salud, actividades familiares o, incluso, los procedimientos legales. El derecho a ser escuchado es un derecho de participación que, cuando se ejerce, tiene un impacto profundo en su bienestar integral.
7 razones para escuchar a la infancia
La escucha activa y la participación infantil generan beneficios en distintas dimensiones del desarrollo. Cuando un niño o niña siente que su opinión es tomada en cuenta:
- Aumenta su autoestima porque percibe que su voz importa.
- Mejora su confianza y le permite enfrentarse a situaciones nuevas con mayor seguridad.
- Reduce la frustración y la impotencia, ya que tiene espacios para expresarse sin miedo a ser juzgado.
- En el colegio aumenta la motivación, pues los estudiantes se sienten parte del proceso educativo.
- Fomenta el pensamiento crítico y la reflexión, porque aprenden a argumentar, preguntar y proponer soluciones.
- Favorece la responsabilidad al involucrarlos en la toma de decisiones que les afectan directamente.
- Facilita la resolución pacífica de conflictos y el trabajo en equipo.
En resumen, cuando perciben que su opinión cuenta, se sienten valorados y respetados, pueden construir relaciones basadas en la confianza, desarrollan habilidades comunicativas y emocionales esenciales, crean una imagen positiva de sí mismos y reconocen que sus decisiones tienen consecuencias.
Participación en el hogar
El hogar y el entorno familiar es el primer lugar en el que niños y niñas aprenden qué significa escuchar y que les escuchen. Lo que sucede dentro de este espacio moldeará su forma de relacionarse con el mundo.
Para muchos niños, niñas y adolescentes, hablar de lo que sienten o piensan requiere un espacio seguro y confiable. Por ello, nunca está de más volver a esas conversaciones pausadas, alrededor de la mesa, sin móviles ni pantallas, donde cada persona comparte cómo se ha sentido durante el día. Pero ¿cómo construir estos espacios?
- Escuchar sin interrumpir y sin juzgar. A veces dejan de hablar cuando sienten que sus palabras o sentimientos se corrigen o minimizan constantemente. Mantener contacto visual o agacharse a su altura les transmite atención. Es recomendable intentar evitar frases como “no es para tanto” o “eso es una tontería”, que les invalidan.
- Incluirlos en decisiones reales del hogar como, por ejemplo, elegir juntos actividades familiares del fin de semana, participar en la creación de normas de convivencia (horas de pantallas o reparto de tareas), organizar entre todos el menú semanal, entre otros.
- Dar responsabilidades según su edad con el objetivo de que perciban que su colaboración se valora.
Estructuras de participación en la escuela
La escuela es el entorno social ideal para entender y poner en práctica la participación ciudadana:
- Implementar asambleas de aula regulares donde los estudiantes, con la guía del docente, pueden discutir y decidir sobre temas del aula (organización del espacio, resolución de conflictos, normas de convivencia). Esto transforma las reglas impuestas en acuerdos que se han compartido.
- Promover Consejos de Infancia y Adolescencia como órganos de representación permiten que los estudiantes se organicen, elijan representantes y eleven propuestas concretas a la dirección del centro.
- Incorporar metodologías activas, como debates estructurados y el aprendizaje basado en problemas, una metodología de aprendizaje activo en la que el estudiante llega al conocimiento por sí mismo con la ayuda de sus compañeros y un docente como mentor. Esto garantiza que los estudiantes no solo consuman información, sino que activamente la interpreten, debatan y propongan soluciones.
Diputados por un día
La participación es una gran oportunidad para que niños, niñas y adolescentes reconozcan sus habilidades y desarrollen las competencias necesarias para transformar su propia realidad. En Aldeas Infantiles SOS creemos firmemente que la infancia debe ser la protagonista en los espacios de toma de decisiones. Por ello, desde el año 2001, impulsamos iniciativas como ‘Diputados por un Día’, que llevan la voz de los más jóvenes a las instituciones.
Como parte complementaria del programa educativo Abraza tus valores, ‘Diputados por un Día’ no es solo un simulacro, sino un ejercicio práctico de participación, respeto y valores democráticos, apoyado por los distintos Parlamentos Autonómicos. Niños y niñas viven la emoción de ocupar un escaño, debatir y votar, una experiencia que guardan para siempre en su recuerdo como su primer acto de ciudadanía activa.La participación infantil no es un favor ni una concesión, es un derecho humano fundamental. Cumplirlo requiere compromiso, tiempo y una actitud abierta por parte de los adultos. No hay que olvidarlo: escuchar exige paciencia, observación y empatía.