Julia, Aldeas Infantiles SOS Valencia: “Estar allí acompañando personalmente a quienes más lo necesitan, no se olvida”

Más de un año después de la DANA, Aldeas Infantiles SOS continúa acompañando a las familias afectadas en el proceso más largo y silencioso: la recuperación. Esta catástrofe arrasó pueblos enteros, dejó viviendas destruidas, familias desplazadas y a muchos niños y niñas enfrentándose a una realidad muy compleja.

Cuando el ruido mediático se apaga y la urgencia desaparece de los titulares, comienza la fase más larga y silenciosa de cualquier emergencia: la recuperación. Una etapa especialmente dura en momentos tan especiales como estas fechas, cuando la falta de un hogar, la pérdida de seres queridos o la inestabilidad emocional pesan todavía más.

Desde Aldeas Infantiles SOS seguimos allí. A través del Proyecto SOS DANA Valencia – Fase 2, acompañamos a las familias en su proceso de recuperación emocional y social, reforzando la protección de la infancia y apoyando a quienes más lo necesitan. Nuestra presencia local y el trabajo en red con los servicios sociales y las autoridades nos permiten estar cerca, escuchar y actuar, incluso cuando la emergencia ya no ocupa portadas.

Es importante recordar que estas familias no pueden ni deben ser olvidadas. Por ello, hablamos con Julia, directora de los programas de Aldeas Infantiles SOS en Valencia, sobre lo vivido y, sobre todo, la importancia de seguir acompañando a las familias afectadas.

¿Cómo recuerdas aquellos primeros días tras la DANA?

Fue un shock. No comprendíamos nada ni éramos conscientes de la magnitud de la catástrofe y, aun así, estábamos consternados por todo lo ocurrido. Muchos teníamos familiares y amigos en las zonas afectadas y pasar toda la noche sin poder comunicarnos con ellos, y las semanas posteriores sin que pudieran salir de sus casas, fue angustioso.

Fue muy difícil gestionar la dureza de la situación, sobre todo ver los pueblos afectados, estar ayudando allí a nuestra gente y también a personas desconocidas. A pesar de todo, se generó una marea de solidaridad que recordamos con mucha emoción.

Como profesionales, ¿cómo vivisteis ese primer impacto?

Sabíamos que debíamos estar allí ayudando de alguna manera, pero el nivel de emergencia superaba nuestra capacidad de respuesta inmediata. Necesitamos varios meses para realizar un trabajo de campo exhaustivo: detección de necesidades, análisis de zonas afectadas, búsqueda de personal cualificado… Todo ello para poder ofrecer una intervención adecuada, responsable y sostenible en el tiempo.

¿Cómo afrontó Aldeas Infantiles SOS el desastre en los primeros momentos?

En Aldeas Infantiles SOS participamos desde el inicio en reuniones de coordinación con la administración pública y otras entidades. Entre uno y dos meses después de la DANA comenzamos el trabajo de campo en las zonas afectadas, valorando dónde y cómo podíamos intervenir, siempre alineados con nuestra misión, visión y valores. De esta forma, nos preparamos para las fases posteriores: la recuperación y la estabilización.

Actualmente, el trabajo está focalizado en una intervención directa con familias afectadas, tanto de manera directa como indirecta por la DANA.

¿Cuáles fueron las principales necesidades que detectasteis en las familias afectadas?

Las necesidades más urgentes fueron las relacionadas con la habitabilidad: viviendas destruidas, familias obligadas a desplazarse a otros municipios o personas confinadas sin suministros básicos como luz o agua. También detectamos una grave falta de recursos de primera necesidad: higiene, salud y alimentación, debido a la desaparición de comercios, carreteras y accesos.

Y, por supuesto, una enorme necesidad de apoyo emocional. Aunque el estado de shock inicial llevó a muchas personas a reaccionar rápidamente, había mucha tristeza, rabia, incomprensión y dolor. Muchas familias perdieron seres queridos, hogares y proyectos de vida en muy poco tiempo.

¿Cómo afectó la DANA a los niños y niñas más vulnerables?

Las situaciones de vulnerabilidad previa se vieron claramente agravadas. Problemas de vivienda, desplazamientos forzosos, falta de recursos básicos… A ello se sumó la destrucción de colegios, centros de salud, tiendas y espacios comunitarios esenciales para su desarrollo y bienestar.

¿Qué tipo de apoyo psicológico habéis ofrecido durante este año?

Hemos realizado sesiones de acompañamiento psicológico basadas en la escucha activa, el apoyo emocional y el acompañamiento en procesos de duelo o en el momento vital en el que se encontraba cada familia.

Cuando se detectaba la necesidad de una terapia clínica más especializada, derivábamos a los recursos sanitarios y sociales de la zona.

¿Hay alguna historia o momento que te haya marcado especialmente?

Lo que más huella deja es la magnitud de la situación y el impacto de ver de cerca todo lo ocurrido. Poder estar allí, acompañando personalmente a quienes más lo necesitaban, es algo que no se olvida.

Cada historia, cada mirada y cada gesto de agradecimiento se quedan grabados. Pero, sobre todo, conmueve profundamente la solidaridad y la unión de la población, que, pese al dolor y la incertidumbre, se levantó para apoyarse mutuamente y demostrar que la empatía y la esperanza pueden más que cualquier adversidad.

¿Qué aprendizajes te ha dejado trabajar tan de cerca con estas familias?

Trabajar de manera cercana con estas familias ha representado una experiencia profundamente enriquecedora. He aprendido de ellas la verdadera dimensión de la resiliencia: la capacidad de sobreponerse a las dificultades, de reinventarse ante los desafíos y de mantener viva la esperanza, incluso en los momentos más complejos, con su fortaleza y su sentido de comunidad.

¿Cómo ha sido la colaboración con los servicios sociales y las autoridades locales?

Desde el inicio del trabajo de detección de necesidades buscamos ir de la mano de la administración pública, contactando con los ayuntamientos de los municipios afectados y coordinándonos con las concejalías de educación y servicios sociales.

La colaboración con otras entidades ha sido constante y fluida, generando un trabajo en red muy potente que facilitó la puesta en marcha de las intervenciones y, sobre todo, el acceso y la atención directa a las familias más afectadas. Gracias a este trabajo en red hemos podido crear una base sólida para implantar un nuevo programa de fortalecimiento familiar en Valencia: PONTS.

¿Qué retos siguen presentes hoy, más de un año después de la DANA?

Siguen siendo muchos. En primer lugar, la reconstrucción de viviendas, infraestructuras y espacios comunitarios, muchos de los cuales aún presentan daños importantes.

En segundo lugar, atender las consecuencias sociales y emocionales que dejó la catástrofe. La recuperación no es solo material: implica acompañar a las personas, fortalecer el tejido comunitario y ofrecer apoyo psicológico continuado.

¿Qué te gustaría que la sociedad comprendiera sobre el acompañamiento a largo plazo en una emergencia como esta?

Que es imprescindible la colaboración entre entidades y entre personas. Que la unión hace la fuerza. Y que para acompañar una emergencia a largo plazo es necesario prepararse bien, realizar un estudio de campo previo, contar con equipos cualificados y cohesionados, crear alianzas con la administración pública y, sobre todo, vincularse de verdad con las familias a las que acompañamos.

Estar cuando más se necesita

En Aldeas Infantiles SOS sabemos que la recuperación no entiende de plazos cortos. Por eso seguimos presentes en las zonas afectadas de la Comunidad Valenciana, acompañando a las familias, reforzando su bienestar emocional, apoyando la crianza y protegiendo a la infancia más vulnerable.

Olvidar una catástrofe es dejar solas a quienes aún la están viviendo. Y porque cada niño y cada niña merece crecer en un entorno seguro, incluso después de la tormenta.