Luis, Centro de Día Cuenca: “Si tuviera que elegir un logro sería cuando una familia pasa de sentirse señalada a sentirse capaz”

Con motivo del Día Mundial de las ONG el director del Centro de Día de Cuenca nos habla de uno de los pilares más significativos de la entidad: el Centro de Día, un recurso comunitario centrado en la prevención y el fortalecimiento familiar. 

El programa del Centro de Día está diseñado para intervenir con niños, niñas y familias en situación de riesgo, exclusión o vulnerabilidad social. “El estigma más típico es pensar que un Centro de Día es para familias problemáticas o para casos graves. Y es injusto, porque un Centro de Día es un recurso preventivo”, explica Luis Huerta, director del Centro de Día de Cuenca.

El objetivo principal de estos centros es impulsar el desarrollo integral de los menores y fortalecer sus redes de apoyo, brindando un respaldo esencial a los padres que necesitan ayuda temporal en sus tareas de protección y educación. 

En este sentido, el profesional añade que “otro estigma es pensar que aquí somos fuente de ayudas económicas, se les hace todo a las familias o que se sustituye su función. En realidad hacemos lo contrario: las familias son parte del proceso, co-construimos su Proyecto Individual Familiar (PIF), el cual es personalizado a cada núcleo familiar, porque cada sistema tiene unas necesidades pero sobre todo unas fortalezas, en las cuales nos apalancamos para impulsarlas”.

  • ¿Cuál es la filosofía que guía vuestro trabajo con niños, niñas, jóvenes y familias? Nuestra filosofía se resume bastante bien en la siguiente idea: llegar a tiempo. Acompañamos cuando todavía hay margen, cuando aún se puede prevenir, cuando una familia está a tiempo de recuperar el equilibrio.Y hay algo que para mí es clave, no trabajamos juzgando a nadie, acompañamos de manera sostenida en el tiempo, con el fin de que cuando termine su estancia en el Centro de Día, puedan desempeñar su desarrollo de una manera autónoma, dentro de un hogar funcional y protector.

“La mayoría de familias no llegan diciendo ‘necesito ayuda’, sino ‘ya no puedo más’. Aquí, es donde empieza el trabajo”.

  • ¿Qué tipo de necesidades suele atender el centro en Cuenca? En Cuenca atendemos situaciones muy diversas, pero casi siempre hay un denominador común: familias que están haciendo lo que pueden, pero necesitan apoyo para sostener el día a día.Muchas veces aparecen dificultades educativas. En los dos últimos años estamos atendiendo grupos de NNAJ con necesidades educativas especiales (TEA, tdah, discapacidad física, etc.) y necesidades de apoyo educativo. También nos encontramos con conflictos intrafamiliares.Por otro lado, trabajamos con necesidades emocionales: baja autoestima, dificultades para gestionar emociones, impulsividad, aislamiento, problemas de relación con iguales… Y, por supuesto, con situaciones de vulnerabilidad social: precariedad, falta de red de apoyo, sobrecarga familiar, momentos de crisis.Pero lo más importante es esto: casi nunca es una sola cosa. Suelen ser varias a la vez, y eso desgasta muchísimo emocionalmente a las familias, que no encuentran una hoja de ruta hasta que comenzamos a trabajar con ellas.
  • ¿Qué perfiles de niños/as y familias acceden al centro y cómo llegan hasta vosotros? Acceden niños, niñas y jóvenes de distintas edades y perfiles, y familias con historias muy diferentes, no existe un perfil único. Hay una cosa que me gustaría decir y es que, la mayoría de familias no llegan diciendo “necesito ayuda/s” (en contraposición a lo que la sociedad puede pensar). Llegan diciendo “ya no puedo más”, “no sé qué hacer”, “esto se me está yendo de las manos”. Aquí, es donde empieza el trabajo.
  • ¿Cómo desmontarías los estigmas más comunes que has visto sobre los centros de día? Con un mensaje claro, un Centro de Día no es un lugar donde se “aparca” a los niños o se “rescata” a las familias. Es un lugar donde se acompaña, se entrena y se fortalece. Nosotros tratamos de intervenir en esa zona intermedia entre el momento de dificultad con el que llegan y el punto al que pueden alcanzar con apoyos. Y cuando eso ocurre, lo que cambia no es solo una situación puntual, cambia la trayectoria de una familia.

“Porque acompañar no es solo escuchar, es ayudar a ordenar, a poner límites, a construir rutinas y a sostener decisiones”.

  • ¿Cómo colaboráis con otros servicios sociales y educativos de Cuenca? Colaboramos de forma constante y coordinada con Servicios Sociales, centros educativos, otros recursos comunitarios, y cuando hace falta también con el área sanitaria. Establecemos una programación formal y semanal de reuniones, pero ante cualquier necesidad activamos una respuesta inmediata.La coordinación es esencial porque si cada recurso va por su lado, la familia se siente confusa. Y si la familia se siente así, desconecta. Por ello, tratamos de conectar los diferentes agentes sociales entre sí, lo que evita duplicidades y ayuda a ser más eficientes en la intervención con la familia.
  • ¿Qué importancia tiene la comunidad en el éxito del programa?Un Centro de Día debe funcionar interconectado. La infancia vive en el barrio, en la escuela, en el entorno. Y, por eso, el trabajo comunitario es parte fundamental de nuestro trabajo. La comunidad es también un factor de protección, cuando hay red, hay más oportunidades.Me viene a la cabeza el antiguo funcionamiento de los pueblos, hace años, donde el vecindario era una parte más del sistema familiar, la red existía casi sin darse cuenta. Las familias se cuidaban entre ellas, se echaba una mano con los niños, en el campo, a la hora de cuidar los animales, elaborar sus propios alimentos (quedaban las personas en el horno para hacer el pan, el matagorrino, etc.) y si alguien pasaba un mal momento, el entorno lo sostenía.

“Buscamos que la familia sienta que hay una red de apoyo que sostiene, mientras ella se esfuerza por mejorar”.

  • ¿Cómo ha cambiado tu perspectiva personal sobre la infancia y la familia desde que trabajas en el centro? El Centro de Día me ha reafirmado en algo que ya intuía, pero que aquí se vuelve evidente cada semana, detrás de una conducta difícil casi siempre hay una necesidad no atendida. Y eso cambia por completo la manera de intervenir. Porque si solo miramos el síntoma, una rabieta, una falta de respeto, una expulsión escolar, un “no quiere”, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie.En cambio, cuando miras con calma, muchas veces lo que hay debajo es miedo, inseguridad, frustración, cansancio, falta de vínculo o una historia de pérdidas y dificultades que pesa más de lo que parece. Otro aspecto que me ha reafirmado mucho en mi trabajo es entender que invertir en infancia es invertir en futuro. Y no solo en el futuro de un niño, una niña o una familia concreta, sino en el futuro de toda la sociedad. Y quizá lo más importante, algo esencial, la infancia no se protege solo con normas o con discursos, se protege con presencia, con vínculo, con recursos y con red.
  • ¿Qué logros de los menores y las familias atendidas te hacen sentir más orgulloso?Si tuviera que elegir un logro por encima de todos, sería cuando una familia pasa de sentirse señalada a sentirse capaz. Cuando dejan de vivir desde la culpa o desde la vergüenza, y empiezan a mirarse con más dignidad, cuando recuperan la sensación de “podemos con esto”.