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Visión de Aldeas Infantiles SOS
Testimonios

“No tengo trabajo ni dinero, pero estoy viva y no he perdido a ninguno de mis hijos “.

"Tuve miedo de perder a mi familia cuando soplaban los fuertes vientos, arrastrando techos y árboles"

Luisa Valgy, de 44 años, está agradecida porque está viva y sus hijos tienen salud. Sobrevivieron por poco la noche que el ciclón Idai golpeó la ciudad de Beira, en Mozambique. Salieron corriendo de su casa segundos antes de que esta se derrumbara por completo.

“Si no hubiéramos corrido a tiempo, y si no nos hubiéramos cogido de la mano mientras lo hacíamos, creo que el agua de las inundaciones nos habría arrastrado”, recuerda Luisa. Su marido la dejó en 2012.

Mientras habla, sus hijos pequeños y sus nietos juegan en el suelo de hormigón donde una vez estuvo su casa. Su hogar fue uno de los más de 100.000 destruidos en la ciudad de Beira y sus alrededores. Otros 200.000 resultaron dañados.

“Tenía una caja de platos muy buenos, un juego de tazas para ocasiones especiales y un buen armario donde almacenaba alimentos y bebidas para las visitas; lo perdí todo”.

Un año después del ciclón Idai, muchas casas aún no se han reconstruido, ni tampoco los medios de subsistencia de las familias. Decenas de miles de personas aún viven en refugios temporales y requieren apoyo. Afortunadamente para Luisa, unos vecinos les permitieron a ella y a su familia estar en su casa hasta que tengan un lugar donde vivir.

Aldeas Infantiles SOS de Mozambique, que trabaja en Beira desde 2011, ha pasado el último año apoyando principalmente a familias encabezadas por mujeres, como la de Luisa, cuyas vidas se han visto devastadas por el ciclón. Estos hogares tienden a ser más pobres debido a la falta de un ingreso estable, y suelen tener muchos niños.

Las cifras del censo de 2017 indican que el 37 por ciento de los hogares en Beira están encabezados por mujeres. La recuperación tras el ciclón puede ser aún más difícil para estas familias, ya que las mujeres tienen la doble carga de criar a sus hijos y generar ingresos. Sin ellos, los niños están expuestos al hambre y a enfermedades.

Después del ciclón, Aldeas de Mozambique proporcionó a más de 2.000 personas, en su mayoría madres y sus hijos, ayuda de emergencia como arroz, aceite, harina de maíz, purificadores de agua y mantas. También se distribuyeron kits de higiene.

Dado que Mozambique sufre periódicamente la amenaza de desastres relacionados con el clima, los trabajadores sociales de Aldeas trabajan con alrededor de 200 de las familias más vulnerables, principalmente encabezadas por mujeres, para desarrollar su capacidad de resiliencia y resistir futuros golpes. Recibirán, además, apoyo económico hasta finales de septiembre de 2020.

Luisa confía en que reconstruirá su vida, a pesar de que perdió su única fuente de ingresos después de la tormenta. Mantenía a sus cinco hijos, dos nietos y un pariente con el dinero que ganaba descargando arena de camiones.

“Tuve miedo de perder a mi familia cuando soplaban los fuertes vientos, arrastrando techos y árboles”, asegura. “Me sentí impotente y desesperada al ver la casa de mis sueños completamente destrozada, pero me mantuve fuerte por los niños”.

“Anhelo construir mi casa nuevamente. No tengo trabajo ni dinero, pero estoy viva y no he perdido a ninguno de mis hijos “.

Luisa dice que el trabajo ahora escasea y encontrarlo es difícil. Consigue trabajos temporales de vez en cuando, cuyos ingresos complementan los paquetes de alimentos que recibe de Aldeas Infantiles SOS. “Estoy contenta porque al menos mi familia tiene suficiente comida”, afirma.

Luisa Valgy
Superviviente del ciclón Idai en Mozambique

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