Señales de alerta: cómo identificar si un niño está sufriendo violencia

Los niños y niñas que han sufrido algún tipo de violencia tienen un 13% más de probabilidades de no acabar la escolaridad.

¿Alguna vez has pensado qué papel desempeñamos como sociedad en la protección de la infancia? El entorno escolar y social de los niños y niñas son espacios determinantes para garantizar lugares seguros donde puedan crecer libres de miedo. Sin embargo, la violencia contra la infancia sigue siendo una realidad silenciosa y, en muchos casos, invisible. Hoy hablamos de ello en el Día Escolar de la No Violencia y la Paz.

Más allá del impacto inmediato, el maltrato infantil tiene consecuencias profundas y duraderas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que puede provocar problemas de salud física y mental que persisten durante toda la vida, además de efectos sociales y laborales que, a largo plazo, ralentizan el desarrollo económico y social de los países.

Asimismo, OMS indica que “la violencia contra los niños también genera desigualdades en la educación. Los niños que han sufrido algún tipo de violencia tienen un 13% más de probabilidades de no acabar la escolaridad”.

Ante este contexto, resulta imprescindible dotar a familias y educadores de una mirada sensible y preventiva que permita identificar indicadores de violencia que, a menudo, se manifiestan de forma sutil.

Huellas invisibles

Existe la creencia errónea de que la violencia siempre se expresa mediante lesiones evidentes o conductas extremas. En realidad, muchos niños y niñas comunican el dolor a través de pequeños cambios que pueden pasar desapercibidos si no sabemos interpretarlos. Podemos hablar de señales de alerta agrupadas en tres ejes:

  • Manifestaciones físicas y psicosomáticas.
  • Proyecciones en el juego o el dibujo.
  • Estados psicológicos y emocionales.

Manifestaciones físicas o psicosomáticas

El cuerpo de un niño o niña puede convertirse en un canal de expresión cuando no encuentra palabras para explicar lo que está viviendo. Aunque no todas las señales físicas implican necesariamente violencia, sí pueden ser un indicador importante cuando aparecen de forma repetida, sin explicación clara o acompañadas de cambios emocionales.

  • Pueden generar alerta moretones, rasguños o fracturas que no se corresponden con la explicación dada, o que se repiten con frecuencia. No se trata de desconfiar automáticamente, sino de observar si existe coherencia entre el relato y la lesión, si hay miedo al explicar lo ocurrido o si el niño evita hablar del tema.
  • Dolores psicosomáticos. Los niños que sufren violencia pueden experimentar síntomas físicos sin causa médica aparente, como dolor de cabeza frecuente,  abdominal, náuseas, mareos, problemas de sueño y fatiga constante. Estos síntomas suelen intensificarse en momentos concretos, por ejemplo, antes de ir al colegio, regresar a casa o encontrarse con una persona determinada.
  • Cambios en la alimentación o el sueño. El estrés sostenido puede alterar funciones básicas. Algunos niños y niñas presentan insomnio, terrores nocturnos o dificultad para conciliar el sueño. 
  • Regresiones evolutivas. Volver a hacerse pis en la cama o mostrar miedo a separarse de la figura de referencia (padre, madre, hermanos…) son señales que, si aparecen de forma repentina, pueden indicar que esté viviendo una situación que le supera emocionalmente.

Proyecciones en el juego

El juego es el espacio natural donde niños y niñas elaboran sus experiencias. A través de él expresan emociones, reproducen situaciones vividas y muestran aquello que no pueden verbalizar.

  • Juego repetitivo con temática violenta. Cuando un niño reproduce una y otra vez escenas de agresión, dominación, castigo o miedo, conviene prestar atención. 
  • Personajes sin poder o siempre en peligro. Quizás en sus historias aparecen personajes que no pueden defenderse, que están atrapados o que sufren daño constante, puede ser una proyección de su propio estado emocional. 
  • Dibujos que reflejan miedo, aislamiento o daño. No se trata de interpretar cada juego de forma literal, sino de observar patrones persistentes. Algunas señales gráficas que pueden alertar son figuras muy pequeñas frente a otras muy grandes, ausencia de manos o brazos, colores oscuros predominantes, escenas de encierro, golpes o lágrimas…

Emociones y salud mental

La violencia, especialmente cuando es sostenida, altera la forma en que los niños perciben el mundo. Su sistema de alerta se activa de manera constante, generando comportamientos que pueden confundirse con timidez, desobediencia o, quizá, falta de interés.

  • Hipervigilancia. Los niños y niñas en situación de violencia suelen estar en alerta permanente. Algunas señales son sobresaltarse con facilidad, observar constantemente el entorno, estar atentos a los movimientos de los adultos, dificultad para relajarse o jugar libremente, miedo a cometer errores… La hipervigilancia es una respuesta adaptativa al peligro, pero cuando se mantiene en el tiempo, afecta al aprendizaje, la concentración y el bienestar emocional.
  • Repliegue emocional. El retraimiento es una de las señales más frecuentes y, a la vez, más difíciles de detectar. Puede manifestarse como aislamiento social, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, falta de expresión emocional, respuestas monosilábicas, evitación del contacto físico. 
  • Cambios bruscos de comportamiento. La violencia puede generar oscilaciones emocionales intensas como la irritabilidad repentina, rabietas desproporcionadas, conductas agresivas hacia otros niños, dificultad para seguir normas. 

Actuar bajo protocolos de protección

Detectar señales de alerta es solo el primer paso. El siguiente es actuar de forma responsable y coordinada. Cada centro educativo, entidad social o institución cuenta con protocolos de protección que establecen cómo proceder ante una sospecha o revelación de violencia. ¿Qué garantizan estos protocolos?

  • Lo primero, la seguridad del niño o niña.
  • Confidencialidad del proceso.
  • Intervención de profesionales especializados
  • Activación de recursos de apoyo.
  • Comunicación con los servicios de protección cuando sea necesario

En Aldeas Infantiles SOS trabajamos desde una perspectiva integral de protección infantil. Creemos firmemente que la violencia contra la infancia se puede prevenir si se crean entornos seguros basados en el respeto, el diálogo y la participación activa de niños y niñas.

Por ello, desarrollamos programas de sensibilización, formación y prevención dirigidos tanto a la infancia como a los adultos que la acompañan. Un ejemplo de ello es el proyecto ‘Infancia segura: prevención y respuesta a la violencia entre iguales’, cuyo objetivo es empoderar y capacitar a niños, niñas y jóvenes para que sean agentes activos en la creación de entornos seguros.